La temporada de la alcachofa acaba de comenzar en Sevilla. Por este motivo no puede pasar un día más sin que aprendamos a limpiar nuestro vegetal favorito, para que podamos disfrutar de él en fresco.

Para limpiar alcachofas necesitaremos una tabla donde cortar, un cuchillo grande y bien afilado, un recipiente o bolsa donde ir desechando las hojas sobrantes, un bol con agua y zumo de limón (natural y recién exprimido) en el que iremos echando las alcachofas.

Una vez tengamos todos los elementos necesarios mencionados anteriormente, podemos proceder a limpiar las alcachofas. Sin embargo, debemos tener en cuenta que podemos seguir dos procesos diferentes para conseguir rescatar la parte más tierna de la alcachofa: su corazón. Por una parte, podemos optar por pelar la alcachofa directamente, con lo que estará más dura y quizás nos resulte más difícil pelarla. La otra opción es cocerla durante unos 15 o 20 minutos y, a continuación, proceder a pelarla con sus partes más duras reblandecidas, con lo que nos resultará mucho más fácil.

Tanto si cocemos las alcachofas antes de limpiarlas como si lo hacemos después, a la hora de empezar el proceso de limpieza lo primero que debemos hacer es cortar el tallo y quitar las hojas duras una a una hasta llegar al corazón de la alcachofa.

Una vez tenemos el corazón libre de las hojas duras que lo recubren, lo siguiente que debemos hacer es cortar las punta de las hojas que componen el corazón, pues aun siendo las más blandas, estarán duras al haber estado en contacto con el exterior. Cuando hayamos cortado las puntas de las hojas que componen el corazón a la altura que estimemos oportuno, introducimos los corazones en el bol con agua con limón para que no se oxiden y pierdan, de esta forma, su color y nutrientes.

Por último, si hemos elegido pelar las alcachofas antes de cocerlas, sólo nos quedará cocer los corazones en una olla con agua hirviendo durante 10 minutos.